Juan Hernandez

Juan Hernandez comenzó a trabajar con los empleados de servicios en edificios en el año 1993, en Connecticut, y, desde comienzos de la década del 70, ha estado defendiendo los derechos laborales. A los 17 años, Juan fue detenido en una manifestación en apoyo de trabajadores del sector de la salud y enfermeros en Barceloneta, Puerto Rico, cerca de su ciudad natal, Vega Baja, un pequeño municipio a 40 km al oeste de of San Juan.

“Yo era el revolucionario de la familia”, dice Juan, el hijo menor de una madre soltera que trabajaba como empleada doméstica. Juan habla de la profunda religiosidad de su madre, “Ella fue mi consejera. Se preocupaba por mi porque, desde que tenía 15 años, cuestionaba la injusticia que veía a mi alrededor todos los días”.

A pesar de la pobreza de la familia, Juan y varios de sus hermanos fueron a la universidad donde consolidó su compromiso político. En 1979, Juan decidió probar suerte en Hartford, donde vivía un amigo. En pocos meses, se afilió a la UFCW, Local 208, en una fábrica de embalajes de alimentos congelados, escalando posiciones hasta llegar a formar parte de dos comités de negociaciones para la obtención de contratos y, en 1992, participó en el comité que negociaba el cierre de la planta.

En noviembre de 1993, Juan se unió a la SEIU, Local 531, como sindicalista y rápidamente se encargó de la representación de los conserjes locales. Durante los veinticinco años siguientes, Juan trabajó en el equipo que realizó la fusión con la 32BJ en 2000 y fue testigo del crecimiento de la unión que pasó de tener 2.500 miembros a más de 4.300 en la actualidad. En 2014, Juan llegó a ser líder del distrito de Connecticut y, al año siguiente, estuvo al frente de la expansión de la unión en la contratación de seguridad estatal. En mayo de 2018, Juan ocupó un nuevo cargo como vicepresidente, un logro que corona un cuarto de siglo de trabajo en una unión sindical que, como dice él, se preocupa verdaderamante por el bienestar de sus miembros y de todos los trabajadores.

Juan y su esposa Herminia, una trabajadora social escolar retirada, tienen tres hijos y dos nietos y viven en Manchester, Connecticut.