Premios 2018 a Empleados de servicios en edificios

Los hombres y mujeres que limpian, cuidan y mantienen los edificios y aeropuertos de Nueva York tuvieron el honor de recibir los Premios 2018 de Empleados de servicios en edificios.

Los hombres y mujeres que limpian, cuidan y mantienen los edificios y aeropuertos de Nueva York tuvieron el honor de recibir los Premios 2018 de Empleados de servicios en edificios. La 32BJ SEIU y Straus News organizan esta entrega de premios anual, donde las familias, compañeros, empleadores, inquilinos y funcionarios electos celebran la dedicación de los trabajadores de servicios en edificios que permiten que nuestra ciudad siga en marcha.

Este evento anual ofrece un reconocimiento a los trabajadores por su dedicación año tras año para mantener a nuestras oficinas, escuelas, edificios públicos y aeropuertos seguros, limpios y eficientes. Los ganadores fueron seleccionados entre aquellos trabajadores que habían sido nominados por sus compañeros, empleadores, residentes de edificios y amigos.

ADEM KAJOSAJ: PORTERO DEL AÑO DEL EAST SIDE

No hay nada que se parezca a un día de la vida de Adem Kajosaj. Se desempeña como portero durante la mañana en 175 East 74th Street ayudando a los residentes en todo lo que necesitan. La parte más difícil del trabajo es mantener la calma cuando todo se complica. “Hay días que puedes permanecer sentado durante 5 o 10 minutos y no ver a nadie, pero de repente llegan repartos de comidas y recibes llamados de las personas. En ese momento hay que encontrar un equilibrio para todos», dice.

Afortunadamente, los momentos más enloquecedores vienen de a ratos. En el medio, a Kajosaj le gusta escuchar historias de las personas y las familias que ha llegado a conocer muy bien a lo largo de sus 14 años en este lugar. “Conozco a sus amigos, conozco a sus invitados, somos muy cercanos», dice.

Kajosaj le recomienda este trabajo a cualquiera, pero aclara que su energía aparentemente inagotable es el principio básico de este puesto. “Estoy totalmente convencido que la energía que uno entrega es la misma que recibe», dice.

Para él, parte de su responsabilidad consiste en saludar a todos con una actitud positiva, cualquiera sea su disposición. De este trabajo, le agrada especialmente todo el aspecto social y conocer a personas de distinta condición, desde niñeras hasta compañeros de trabajos de los inquilinos. “Detrás de cada persona, siempre se escucha una historia”. El edificio de 175 East 74th Street es el único donde ha trabajado y le encanta el barrio, a tal punto que lo llama “el lugar ideal.”

Cuando no trabaja, a Kajosaj le gusta viajar y conocer el mundo. Con frecuencia visita a su familia en Albania y hace poco fue a Hawaii por primera vez. También conoció Italia y Suiza y visitó montenegro, la ciudad natal de su padre. A Kajosaj le gusta hacer caminatas, especialmente por la parte del Sendero de los Apalaches de su New Jersey natal. Además toca la batería y la guitarra. Es fanático de Brooklyn Nets, que en un principio era un equipo de New Jersey, y de los Buffalo Bills. Tiene una relación muy cercana con sus padres y sus dos hermanos con quienes pasa mucho tiempo juntos en New Jersey.

MARIA ALEXANDRU: EMPLEADA DE LIMPIEZA DEL AÑO EN OFICINAS DEL MIDTOWN

Durante más de dos décadas Maria Alexandru ha dedicado su vida a tareas de limpieza de la Torre Trump.

Esta mujer nativa de Rumania se mudó a los Estados Unidos en el año 1989, pero nunca se imaginó que iba a trabajar durante 24 años en la ciudad de Nueva York, y mucho menos en el mismo empleo.

Ella contó que estaba contenta de recibir un reconocimiento por su servicio, pero es una persona modesta y no le agrada la exposición.

“Fue una sorpresa», dijo. “Soy una buena trabajadora. Me siento honrada”.

Maria, de 66 años, primero trabajó como encargada de la proyección de películas en Rumania. Si bien no soñaba con ningún trabajo en especial, quería vivir en los Estados Unidos donde hay más oportunidades.

“Soy una persona que se adapta a todo” comentó. “Si me dejan en la selva, sobrevivo”.

Maria recuerda cómo comenzó en su trabajo. Ella estaba en la calle llorando y alguien que estaba barriendo la vio y la contactó con una oficina. Desde ese momento, no volvió a mirar atrás.

“Soy muy feliz trabajando aquí” dijo. “Uno se apega al trabajo porque es algo seguro y permite vivir”.

Durante el transcurso de los años, pudo conocer a muchos residentes e incluso vio al Presidente Donald Trump, a su hija Ivanka y su hijo Donald Jr. Ella comenta que cuando falta, la persona que la reemplaza siempre pregunta: ¿Cuándo regresa Maria?

Sin embargo, durante la crisis que duró del 2008 al 2010 muchas personas del edificio perdieron sus empleos y su trabajo se redujo de 47 a 15 horas (luego las pudo recuperar).

Si bien cuando Trump anunció que iba a presentarse en las elecciones, María nunca lo había visto, hizo un cartel que decía “Vote por Trump” y se paró entre la Quinta y Sexta avenida apoyándolo. Recibió tantos insultos que no lo volvió a hacer.

Hoy, vive en Kew Gardens con su marido Juan Camargo, su hija Nancy de 27 años y sus dos perros, Luca y Coco. A Maria le encanta cocinar y estar con su familia. María sobrevivió al cáncer y espera continuar con buen estado de salud en el futuro.

“Con mi marido somos muy apegados, no vamos a ningún lado si no lo hacemos juntos”, dijo Maria.

Su trabajo también le permitió enviar dinero a su madre, Elaina, de 93 años que aún vive en Rumania.

“Disfruto lo que hago” dice María. “Hago bien mi trabajo porque me gusta. Cuando sales de tu casa, llegas al trabajo y dejas todo atrás”.

SINOUN BUN: PORTERA DEL AÑO

Sinoun Bun ocupa el lugar indicado para una persona como ella que ama los niños y los animales. Hace 16 años que Sinoun trabaja como portera y conserje en 300 East 77th St. y conoce muy bien a los residentes de su edificio.

A ella le encanta trabajar en este lugar al que considera su segundo hogar. “Amo a todos: los residentes, las personas que trabajan conmigo”, dice. “El edificio me hace feliz porque mis hijos ya están grandes. Aquí me siento una persona activa”.

Sinoun ha vivido en el Bronx desde que llegó de Camboya en el año 1983. Pasó un breve período en Filadelfia, donde trabaja una de sus hijas para convertirse en higienista dental.

Tiene cuantro niños a quienes les cocina de todo. A ellos les encantan las pastas de su mamá. A Sinoun le gusta pescar en su tiempo libre. Suele ir a Crotona Park y Bear Mountain, y pesca de todo, desde lubinas rayadas hasta lubinas blancas. “Mi papá me transmitió la pasión por la pesca y me volví adicta”, dice. «Ayuda a poner la mente en blanco y te aleja de los problemas”.

Sinoun se autodefine como una mujer independiente y tiene que sobreponerse como mujer en una industria dominada por los hombres. Comenzó trabajando como empleada de limpieza y niñera y llegó a desempeñarse como portera y
conserje. Se ocupa de los paquetes, las llamadas telefónicas, las órdenes de trabajo y todo lo que haga que el edificio del Upper East Side tenga una atmósfera hogareña.

La clave, dice, es tratar a todos de la misma manera. “Si tengo algo que decir, lo voy a decir. No me dejo intimidar. No voy a permitir que me traten mal”, dice. Además, ella se lleva bien con
todos.

A las mujeres que desean progresar en este sector, Sinoun les aconseja que sean pacientes y se mantengan firmes.

KRISTINIA BELLAMY: PREMIO DE AYUDANTE

Kristinia Bellamy es una luchadora. En el año 2011 luchó contra el cáncer y lo superó y 13 años atrás perdió a su marido mientras cumplía con su deber.

Kristinia, de 49 años, trabajó durante 12 años realizando tareas de limpieza en Manhattan, en 919 Third Ave., un edificio de 47 pisos en el que se encuentran estudios jurídicos, un banco y una tienda. Hace un año, comenzó a trabajar como representante sindical, también.

Kristinia nació y creció en Far Rockaway y de niña soñaba ser azafata. Si bien no pudo lograr ese objetivo, viajó en avión varias veces en la década del 90, cuando trabajaba como agente de venta de pasajes para American Airlines en el aeropuerto JFK. Kristinia piensa que uno de los mejores lugares que visitó fue Granada.

Después de dejar la aerolínea en el año 2001, trabajó en un edificio de oficinas en Westbury, Long Island. Su supervisor en ese lugar, Christopher Hughes, la conectó con un nuevo trabajo como recepcionista en Hearst Tower.

En el 2006, comenzó a trabajar en Hearst, justo un año después que su marido Jeffrey Bellamy, un agente encubierto de la ATF, murió prestando servicio. Por eso, un trabajo de noche, con más tranquilidad, era mejor para ella.

Si bien le agrada la estabilidad y el trabajo con abogados, puede llegar a ser todo un desafío. “El trabajo de noche… te revoluciona todo el sistema”, dice. “No puedes irte a dormir cuando llegas a casa”.

Kristinia realiza tareas de limpieza en los pisos 19 y 20 y en seguida aprendió que si ella no es amable con los abogados que trabajan allí, ellos no lo serán con ella. Muchos de los abogados terminan su trabajo más tarde que ella, por eso es importante relacionarse con ellos, explica.

A Kristinia también le agrada conversar con ellos y con el paso de los años, llegó a entablar una amistad con algunos. Por ejemplo, se hizo amiga de un antiguo residente, Alec Rothstein, que ahora vive en Londres.

“Si no conversas con los residentes en la recepción, el trabajo se hace duro”, dice.

A Kristinia, que ahora reside en Bayonne, NJ, le gusta estar con su marido, Steven Cherry, y sus dos hijos, Anthony, 30, y Jason, 27.A También le agrada ayudar a la comunidad.

Durante los últimos ocho años, trabajó como voluntaria en el Club de Niños y Niñas de Jersey City, donde brinda orientación a las niñas. En este momento, está trabajando con dos niñas que están en la escuela secundaria, Azha y Anaya.

“Estas pichonas son como mis hijas”, dice. “Son niñas muy inteligentes, pero vienen de hogares muy problemáticos. Me gusta hacer este trabajo. Se pueden lograr cambios en estos niños”.

Kristinia mira hacia el futuro y dice que es feliz con su familia y su trabajo.

JOSÉ GUICHARDO: PORTERO DEL AÑO DEL WEST SIDE

José Guichardo llegó a Nueva York desde República Dominicana hace 40 años. En el año 1983 trabajaba en una tienda, pero todo se acabó y un amigo que era contratista le dio el dato de 75 West 70th Street. José tuvo una entrevista para el puesto de portero, consiguió el trabajo y comenzó esa misma noche. “Así es como comenzó la historia”, dice. “A decir verdad, no lo tenía planeado”. Desde entonces ha ocupado ese puesto.

José se ocupa de los paquetes, atiende a los contratistas, recibe y entrega las llaves de los huéspedes y también colabora con la seguridad del edificio. Considera que su trabajo es «gratificante» porque conoce a personas de distintos orígenes y diferentes países”.

“Te cuentan sobre sus vidas, sus experiencias familiares, se aprende mucho de otras culturas”, dice. A lo largo de los años se relacionó no solo con los residentes, sino también con sus familias, empleadas de limpieza y niñeras. Recuerda cómo lo ayudaron los residentes cuando comenzó sin ninguna experiencia y se enorgullece de haber logrado una asociación de respeto mutuo al crear un excelente ambiente de trabajo. “Ellos me acogieron de verdad”, dice. José se siente especialmente agradecido por su situación porque sabe que no todos los porteros son tan afortunados. José atribuye el éxito de su trabajo a su carácter amable y su predisposición para hacer siempre algo más.

Cuando no trabaja, a José le agrada estar con su esposa, una asistente escolar, y sus dos hijos en Washington Heights y también con sus dos hermanos. Ha viajado a Canadá y recorrido el sur de los Estados Unidos También se dedica a su hobby de fotografía callejera y forma parte de un grupo de artistas visuales que de vez en cuando presentan exhibiciones. Durante los últimos 15 años se perfeccionó en este arte sacando fotos en eventos y haciendo fotografía callejera.

KOLE PALUSHAJ: ADMINISTRADOR DE EDIFICIOS DEL AÑO

Kole Palushaj lleva este tipo de trabajo en sus genes. Kole pertence a la tercera generación de miembros de la 32BJ y proviene de una familia de superintendentes como él. “Un cincuenta por ciento de mi familia está en la unión. Tengo las raíces bien profundas”, dice. Creció en distintos edificios de departamentos en la ciudad de Nueva York aprendiendo el oficio de su padre y su abuelo.

Palushaj hace solo 18 meses que está en el edificio de 134 años de antigüedad en 205 West 57th Street, pero hace 18 años que trabaja en este sector. Se encarga de supervisar a 11 personas y administra 90 unidades, algo muy distinto a su trabajo anterior en el edificio de West Village con más de 400 departamentos. Dice que su día nunca comienza o finaliza verdaderamente. “Hay veces que me levanto de noche a prepararle el biberón a mi hija y en el camino debo ocuparme de tres o cuatro cosas”, dice.

Las tareas de administración de un edificio cambiaron muchísimo desde la época de su padre y su abuelo y ahora todo se basa más en la tecnología como el uso de smartphones y powerpoints. “Ya no se trata más de tener 25 kilos de llaves y andar con un desatascador y una linterna”, dice.

Palushaj comenzó como portero en Park Avenue y desde ese entonces progresó hasta llegar a su puesto actual. Dice que todos los empleos que tuvo han sido duros y reconoce que fue el administrador del primer edificio en el que trabajó quién lo guió y lo ayudó a superarse. “Me tomó bajo su tutela como ayudante, me enseñó todo lo que necesitaba saber y me colocó en el camino indicado”, dice.

Por ese motivo, Palushaj se interesa por ayudar a los jóvenes que trabajan en este sector de la misma manera que lo ayudaron a él. Tuvo a varios empleados que trabajaron temporalmente para él durante el verano y los colocó en el mismo camino que su tutor le había indicado algunos años atrás. “Les dí el mismo consejo que me dieron a mi, que es: si esto es lo que decides hacer y te entregas al trabajo, puedes lograr una carrera lucrativa en el sector”, dice.

En el pooco tiempo que tiene libre, Palushaj se dedica a su familia. Con su esposa, son padres de una niña de ocho meses y de un niño de cuatro años. Es presidente de los Administradores de edificios del área metropolitana de Nueva York (Metropolitan Building Managers of New York) y trabaja activamente en esta organización de 160 miembros. Este año, también recibió el premio de «administrador de edificios del año» otorgado por la organización de Administradores de edificios del área metropolitana. “Un amigo me dice que ya no podría estar más alto”, bromea.

COREY GREEN: PORTERO DEL AÑO

Corey Green es un hombre tranquilo, reservado y con un enorme corazón. Trabajó en cinco edificios, entre ellos el Riverbend Houses, en Harlem, donde presta servicios desde el año 2006, como empleado suplente en vacaciones. Hoy, Corey se considera parte de la familia de los residentes. Y ellos sienten lo mismo con respecto a él. Si bien a Corey no le gusta hablar de si mismo, las personas a las que ayuda todos los días lo hacen con mucho placer. Una residente recuerda cuando Corey vino desde su casa en New Jersey en uno de sus día libres para llevarla al médico. Esta mujer lo define como “un caballero muy amable, no solo conmigo sino con todas las personas del edificio”. Otra residente cuenta que una vez Corey la ayudó a limpiar su departamento después de una inundación y destaca que con frecuencia lo ve llevando bolsas de comida para los residentes mayores.

Es un sentimiento mutuo. “Son personas maravillosas”, dice Corey. “Me alegran el día”. El trabajo de Corey consiste en regar las plantas, barrer, sacar la basura, pero para él la peor parte es lidiar con la nieve. “Podría decir que hago un poco de todo”, dice. Si bien es responsable de varias unidades en los cinco edificios, Corey dice que no es demasiado trabajo. “Hago todo lo que está a mi alcance y mucho más por la gente”, dice.

Cuando no trabaja, a Corey le gusta andar en bicicleta y jugar al basketball. Disfruta de su esposa y sus hijos.. Nació en Harlem y ahora vive en New Jersey, donde destaca que hay suficientes espacios de estacionamiento y una atmósfera más tranquila.

RENE RICHARD: PREMIO A LA LONGEVIDAD

Rene Richard creció en Haiti soñando convertirse en ingeniero, pero jamás se imaginó que iba a trabajar más de cuatro décadas en el Distrito Garment de Manhattan.

Richard, de 67 años, se mudó a los Estados Unidos en el año 1974 y rápidamente encontró un empleo como repartidor. Un día, mientras trabajaba, un hombre le pidió que reemplazara a alguien que estaba enfermo. Este favor se convirtió en 42 años de trabajo en 225 West 37th St.

“Soy el último de los Mohicanos”, dice. “No hay muchas personas que puedan decir que han permanecido en el mismo trabajo durante 42 años”.

Su primer día de trabajo fue el 7 de junio de 1976. Prestó servicios en la recepción, fue portero de noche y ahora maneja los elevadores de carga.

Richard vivió todos los momentos buenos y malos del edificio. Fue testigo de mucha tristeza y vacío durante la crisis, cuando muchas personas perdieron sus empleos, pero también pudo relacionarse con personas que permanecieron durante muchos años.

Lo más importante es que se hizo amigo de distintos tipos de personas en el edificio. Asistió a sus bodas, las ceremonias de graduación de sus hijos, fiestas de 16 años y bar y bat mitzvahs.

“Esto es como una gran familia”, dijo.

En un principio, Richard vivió en la ciudad, pero 20 años atrás se mudó a la tranquila zona de Harriman, en el norte del estado de Nueva York. Con su mujer, Gladys, pensaron que era un buen lugar para criar a sus hijos, Jerry, que ahora tiene 33 años y Tanya de 24. A pesar de la incesante nieve en invierno, a Richard le encanta la tranquilidad de esta zona suburbana.

Si bien tenía que viajar 90 minutos para ir a trabajar, en unas pocas semanas ya se había habituado.

En su tiempo libre, a Richard le gusta estar con su familia. Al aproximarse su jubilación, sabe que va a echar de menos su trabajo, pero va a disfrutar de la oportunidad de pasar más tiempo con su esposa y sus hijos. Reconoce que se esforzó mucho durante más de cuatro décadas y que pronto será el momento de obtener su recompensa.

“Voy a echar de menos a las personas, pero no puedo trabajar por siempre”, remarcó. “Cuando comencé, hubo una persona que me dio la oportunidad, ahora me corresponde a mi brindarle una oportunidad a un joven”.

ZORAIDA RODRIGUEZ: EMPLEADA DE LIMPIEZA DEL AÑO EN TEATRO

A Zoraida Rodriguez no le interesaban las obras ni las comedias musicales hasta que comenzó a trabajar como empleada de limpieza en un teatro. Después de 12 años en el trabajo, ella vio casi todo lo que se puso en escena en Broadway. Trabajó en distintos teatros a lo largo de Great White Way, cambiando de lugar a medida que los shows terminaban y se presentaban otros nuevos. Algunas de sus obras favoritas son “Cinderella”, “Sister Act” y “Shrek”.

“Muchas personas piensan: ‘¿cómo lo hicieron?’, y yo puedo decir: ‘sé lo que sucede detrás de escena’”, comenta sobre su acceso exclusivo a la magia que se produce detrás del escenario. Hace poco comenzó a trabajar en el teatro Bernard Jacobs en West 45th Street, donde se acaba de estrenar “The Ferryman” de Jez Butterworth.

Zoraida llegó a la ciudad de Nueva York desde República Dominicana en el año 2005 y ahora vive en New Jersey con su hija de 23 años. Se siente orgullosa de sus dos hijos y su nieta a quien suele llevar a los juegos en sus días libres. A Zoraida le agrada salir a comer e ir al cine con su familia. También viajan a Lancaster, Pennsylvania, para visitar a comunidades Amish.

“Tienen un teatro y presentan obras. Es fabuloso», dice. “He visto muchos shows en Broadway, pero esos son geniales. Usan animales verdaderos”.

La parte más dura de su trabajo, dice Zoraida, es poder adaptarse a todas estas cosas con su horario inhabitual. Después de trabajar por la mañana, regresa al teatro cerca de las 9 p.m. para realizar la limpieza después del show, por eso casi siempre llega tarde a su casa. Pero se lleva muy bien con sus compañeros de trabajo a quienes conoce de otros teatros. También le gusta conversar con las personas que compran entradas sobre cuáles shows son buenos y qué hacer en la ciudad. “A veces conversamos sobre las obras, la ciudad, los restaurantes», dice. “Me gusta lo que hago”.

CORTEZ LAGROON: GUARDIA DE SEGURIDAD DEL AÑO EN EL SECTOR COMERCIAL

Para Cortez Lagroon, haber nacido en una familia de predicadores fue fundamental en su determinación a ayudar a los demás. Hace más de 26 años que Lagroon trabaja en sector de seguridad, realizó tareas en Google durante 12 años y ya hace cinco años que está en 1 Court Square, pero su carrera siempre consistió en hacer lo imposible por ayudar a la gente. Cuando se le pregunta qué hace por las personas, Lagroon dice: “todo”. En una ocasión le ofrecieron un empleo más lucrativo en otro edificio, pero él decidió quedarse en 1 Court Square para ayudar a sus compañeros de trabajo.. “Para mi es una alegría ayudar a mis compañeros”, dice.

Lagroon también participa activamente en el Bronx, donde ayuda guiando y dándo consejos a niños del barrio. Dice que es una lección de vida que aprendió de su madre. “Mis padres siempre dicen que cuando el hombre se olvida del hombre, estamos en problemas”, comenta. “Esto es lo que debemos hacer por nosotros”. Lagroon proviene de una familia numerosa de ocho hermanos y con frecuencia visita su ciudad natal en Carolina del sur. En su tiempo libre, le agrada leer y entrenar. Es fanático de la historia.

Después de llegar a la ciudad de Nueva York en el año1996, Lagroon se dedicó a trabajar en el sector de seguridad y se propuso sobresalir en este trabajo. Leyó libros sobre seguridad, realizó una capacitación sobre la gestión de emergencias y se especializó en el sector con una base académica. “Estoy preparado en todos los aspectos”, dice. Consiguió un trabajo como supervisor en la Arquidiósesis de Nueva York y luego fue subiendo cada vez más alto. Ahora, se define como un «explorador», ya que es capaz de encargarse de la recepción, ocuparse de los muelles de carga y de todo lo que esté en el medio. Utiliza todas estas habilidades para cuidar a quienes él considera «mi gente», es decir todas las personas que pasan por los tres edificios que cuida.

“Lo que más disfruto, es ver una sonrisa en sus rostros”, dice. “Esta es mi familia”.

GASPAR AMORIM: LIMPIADOR DE VENTANAS DEL AÑO

Gaspar Amorim es un hombre renacentista moderno. Amorim, amante de la historia y la política y miembro activo de su iglesia Católica, transmite un sentido de gratitud y optimismo en todo lo que hace. Durante los últimos 17
años, trabajó limpiando ventanas en 3 Times Square. “Casi desde que se inauguró el edificio”, dice. Trabajó en edificios de oficina como los de 1 Chase Plaza y 395 Wall Street. Hasta ahora, el de 3 Times Square es su favorito. El lugar de trabajo de Amorim está rodeado de carteles luminosos y turistas que pasean asombrados día y noche, además alberga grandes empresas como Thomson-Reuters, la corporación internacional de medios de comunicación que es la propietaria del edificio. “Es un privilegio trabajar para esa gente”, dice.

El trabajo de Amorim requiere un alto nivel de responsabilidad por todas las máquinas y el riesgo que hay en juego. Tiene que manejar andamios y tres plataformas, algo que según él puede ser aterrador. Pero, con el correr del tiempo, «creces y desarrollas tus habilidades». «Ser limpiador de ventanas, tiene su encanto», dice.

Amorim llegó a la ciudad de Nueva York desde Portugal, siguiendo los pasos de su padre. “Mi padre siempre vivió en Nueva York cuando era joven”, dice Amorim ahora vive en Queens con su esposa de 30 años. Su hijo trabaja justo a la vuelta, en 5 Times Square, pero no se cruzan tanto como podría parecer. “Los jóvenes tienen muy buenas oportunidades a nivel político, social e incluso, espiritual”, dice.

En su tiempo libre, a Amorim le encanta ver deportes, especialmente cuando juega el equipo de fútbol portugués de Benfica. Cuando llegó a Nueva York, empezó a interesarse por el baseball y se hizo fanático de los Yankees después de leer sobre su poderoso pasado. Con su esposa, también jugaron en un equipo de bowling local de su comunidad.

“Me gusta hacer algo en el lugar que vivo”, dice. “Esto es lo que hace que este país sea grande, poder ser parte del mismo. Puede haber desacuerdos, pero pertenecemos a este lugar”.

MIGUEL NEGRON: EMPLEADO DE LIMPIEZA DEL AÑO EN ESCUELA

Es evidente que a Miguel Negron le encanta su trabajo, si no, no tendría motivo para viajar tres horas todos los días. Hace seis años, con su esposa se mudaron al norte del estado en Wallkill, Nueva York, donde se ocupan de una granja, pero Miguel está tan apegado a su trabajo que nunca se preocupó por buscar otra cosa cerca de su casa. El viaje diario es, sin dudas, el único aspecto negativo de trabajar en la escuela primaria P.S. 41 de Greenwich Village, donde hace 20 años que realiza tareas de encargado. Pero, Miguel le encuentra algo positivo a este viaje. “Me permite estudiar mucho”, dice en relación al próximo examen que va a rendir para ser supervisor de mantenimiento. “Quiero tener lo mejor de los dos mundos”.

Miguel dice que la P.S. 41 es su segundo hogar y piensa que cuando las cosas están bien en el trabajo, también lo están en los otros ámbitos de su vida. “No me importa hacer más de lo que me corresponde porque eso me beneficia espiritualmente”, dice. “Y cuando llego a mi casa, sé que lo que dejé atrás está bien y no tengo que preocuparme por el trabajo”. Para llegar al trabajo, Miguel ha tenido que conducir bajo terribles tormentas de nieve, deteniéndose al costado de la ruta para limpiar los carteles, pero dice que haría cualquier cosa por los niños de la P.S. 41. “Son mis niños”, dice.

Le encanta el bullicio y el movimiento de las escuelas y reconoce que tiene condiciones que son muy valiosas como saber escuchar y resolver problemas. “Puedo aportar mucho aparte de las tareas de limpieza”, dice. Miguel adora a sus compañeros de trabajo y los considera parte de su familia. Ellos también sienten lo mismo. La directora Kelly Shannon dice que es una suerte haber conocido a Negron. “Él forma parte del alma y el corazón de la escuela P.S. 41. Es asombroso el esmero que pone en todo lo que hace”, dijo. Miguel, a su lado, se emociona al escucharla decir esto.

Miguel nació y creció en la ciudad de Nueva York y desde pequeño estuvo en contacto con esta profesión. Su tío es portero y su padre también trabajó como portero en una escuela secundaria durante 30 años. Ahora, Miguel se dedica a su esposa, con la que hace siete años que está casado, con la misma devoción que lo hace con su trabajo. Cuando llega de trabajar, se ocupa de prepararle el baño y el almuerzo para el día siguiente. Juntos, Miguel y su esposa, se ocupan de 26 pollos, un gato, un perro y pájaros. En su tiempo libre, hacen crochet, cocinan y miran reality shows.

CLIFF TISDALE: ASCENSORISTA DEL AÑO

Antes había muchas más personas que hacían el trabajo de Cliff Tisdale. Si bien ahora hay muchas menos, los ascensoristas aún existen. Y en lugares como el World Financial Center en 225 Liberty Street, donde se encuentran empresas como Oppenheimer y Bank of America, estos trabajadores son una parte fundamental de la estructura.

Cliff se define a sí mismo «como un yoyo» que sube y baja a lo largo de los 44 pisos del edificio durante todo el día. “Parece algo fácil, pero muchas veces hay personas que no saben a dónde van y hay que guiarlas”, dice. A veces, son empleados del servicio de emergencia que necesitan de la ayuda de Cliff cuando acuden por un llamado en el edificio.

El peor día en el trabajo de Cliff fue sin duda el 11 de septiembre de 2001. En ese momento, trabajaba a solo una cuadra del World Trade Center y vio cómo las personas se lanzaban desde los pisos más altos y luego observó cómo se desplomaron las torres. “Tengo muy presente a un hombre que saltaba por la ventana y solo se podía ver el movimiento de su corbata” dice. Es algo que nunca olvidará.. Desde ese día, Cliff y sus compañeros han sido preparados para observar actividades sospechosas y representan una línea de seguridad adicional.

Pero, la mayoría de los días son muy buenos. “Cada día que te despiertas, es un buen día” dice. Incluso, tuvo la oportunidad de tener a algunos famosos en su ascensor, por ejemplo a Venus y Serena Williams, Bernie Williams de los New York Yankees y Steve Harvey de “Family Feud.” Cliff ha trabajado en la zona durante tanto tiempo que ha visto al Lower Manhattan cambiar por completo, y, según él, ha sido para mejor.

Cliff nació en la ciudad de Nueva York pero pasó parte de su infancia en Florida, porque su abuelo trabajaba en el Kennedy Space Center. En el año1995, regresó a la ciudad de Nueva York y comenzó a realizar tareas de limpieza en los dormitorios de la Universidad de Nueva York. Trabajó como portero, limpiador de pisos y guardia de seguridad. Ahora vive en Brooklyn y disfruta de su novia, su hija y nietos. También entrena a jóvenes en básquetbol y le gusta escuchar a Aretha Franklin.

“En este momento, no me imagino viviendo en otro lado”, dice.

WILLIE HAWKINS: PORTERO DEL AÑO EN EL CENTRO

Willie Hawkins ha trabajado en 270 Broadway desde que eñ edificio estaba en construcción y era el único portero. Pero su conexión con el Lower Manhattan se remonta a mucho tiempo antes. Hawkins era supervisor
en el turno de la noche en Windows on the World en las Torres Gemelas, en el año 2001, y tendría que haber estado trabajando el 11 de septiembre. Pero, no estuvo. “Perdimos 77 personas den total y yo perdí dos de mi equipo” recuerda, conmovido.

Después de ese episodio, no trabaja más el 11 de septiembre. Ese día suele visitar a su hijo y dos nietos que viven en Filadelfia.

En sus 15 años de trabajo en 270 Broadway, Hawkins ha llegado a ser un personaje conocido para los residentes de unas 85 unidades y, a lo largo de los años, ha entablado una relación muy cercana con muchos de ellos. Le agrada el ambiente familiar del edificio. Hawkins es un veterano en el sector. Antes de llegar a 270 Broadway, trabajó como portero en el Upper East Side.

Dice que cuando se ama un trabajo tanto como él, no hay nada que sea difícil. Cuando le preguntan como es el día a día de su trabajo, dice “fantástico”.

“Salgo de casa para llegar a casa”, dice.

“Esto solía ser un trabajo para mi, ahora es una aventura”. Llegó a ver a tres pares de gemelos crecer durante su vida laboral.

Hawkins nació en Rochester, pero se mudó a la ciudad cuando tenía 2. Se considera un chico de ciudad. Ahora vive en el Bronx, cerca de su madre.

Le agrada visitar a sus dos hijos y cuatro nietos, ir a ver comedias y viajar a Las Vegas, Florida y Puerto Rico.

La gran familia de Hawkins, que tiene entre 60 y 80 miembros, se reúne una vez al año para un asado en el Parque Estatal Manhasset, desde hace 41 años.

Piensa que algún día le gustaría tener una casa en otro lugar, tal vez en Carolina del Norte, pero dice que nunca se iría de la ciudad para siempre. “Demasiada tranquilidad, no es bueno”, bromea.

RON PIOQUINTO: SUPERINTENDENTE DEL AÑO

“¡Bienvenidos!, ¡Bienvenidos!, ¡Bienvenidos!” Ron Pioquinto se hace notar entre los residentes de 5-09 48th Ave. en la ciudad de Long Island. Con una sonrisa tan grande, no es demasiado difícil. También ayuda a llevar una vida agradable en el edificio.

“A la gente le gusta ver tu presencia”, dice. “Mientras pasan, te dicen, ‘mira, tengo un problema’ o ‘esto está genial’”.

Pioquinto comienza cada día con una caminata de más de 6 km por la costanera del East River, que según él, es el motivo por el cual tantos neoyorquinos se mudaron a Long Island en los últimos años. Luego se dirige a su oficina en el primer piso para organizar su trabajo y leer los emails. Su oficina está llena de planos, manuales, cintas de embalaje y tarjetas de Navidad de las familias del edificio.

El resto del día lo pasa recorriendo el edificio de 5-09 48th Ave. y otro edificio cercano que administra, poniéndose a disposición para cualquier cosa que necesiten los residentes. “Mis intereses, son sus intereses”, dice.

Tiene muy buen concepto de todos los miembros de su equipo, a quienes él ayudó a elegir para que sean personas que se adapten a las necesidades del edificio y las personalidades de los residentes. “Tenemos los mejores porteros y empleados de mantenimiento que se puedan imaginar”, dice.

Es el segundo edificio de departamentos que se construyó en la costanera y Pioquinto sabía que era fundamental congregar al mejor equipo posible. “Luego, con el paso de los años, se incorporaron todos los demás”, dice.

Pioquinto vivió en otros barrios, pero siempre había algo que lo hacía regresar al edificio que él ayudó a inaugurar en el año 2008. Una parte de esta atracción fue el ambiente familiar y la cercanía con las personas. Su hijo, que ya es adulto, creció en este lugar y hasta trabajó a tiempo parcial de portero cuando era un adolescente. Ahora es un marino y vive en California, se casó hace poco tiempo y le dio a Pioquinto su primera nieta.

Pioquinto nació al sur del Bronx y fue criado por su madre que trabajaba en la función pública. Dice que ella fue quién le inculcó la ética de trabajo. Durante la época escolar, estuvo como aprendiz en Con Edison y allí fue donde aprendió todo sobre mantenimiento.

“Conocí cómo era el trabajo en este sector”, dice.

En su tiempo libre, Pioquinto va a pescar, sale a andar en bicicleta y sigue a los Yankees y los Jets. “Me gusta hacer cosas que alivian mi espíritu”, dice. “Si tengo buena salud, puedo hacer un trabajo saludable”.

NOEL BROWN: TRABAJADOR MUNICIPAL EXTERNO DEL AÑO

Noel Brown trabaja como empleado de mantenimiento en varios edificios del Bronx que cuentan con centenares de unidades. Si bien puede parecer un trabajo abrumador, Brown es metódico y eficiente y nunca se va a su casa hasta no resolver los problemas de todos los residentes. “Si estoy haciendo algún trabajo, no puedo irme a mi casa y estar cómodo cuando hay un residente que no lo está”, dice.

Los residentes lo suelen llamar para hacerle consultas y cuando sucede alguna emergencia, cuando se quedan sin calefacción o se dispara alguna alarma de incendio. “A veces, me suelen llamar hasta en mis días libres”, dice. “Cuando tienen un problema, no saben a dónde recurrir, entonces me llaman a mi”. Él considera que su deber es ayudarlos.

Afortunadamente, Brown ha entablado relaciones amistosas con muchos residentes en más de 16 años de trabajo. “Yo los aprecio a ellos y ellos me aprecian a mi”, dice. “Trato a todos con respeto”. La parte más dura del trabajo, dice Brown, es tener que hacer el recorrido entre todos los edificios y subir y bajar las escaleras. Pero, esto lo ayuda a mantenerse en buen estado y a concentrarse en su trabajo. Se sorprendió cuando supo que había ganado un premio, pero dice que es gracias a su paciencia con los residentes y a “hacer lo imposible para que estén bien”.

Brown llegó a la ciudad de Nueva York desde Jamaica en 1980 y ahora vive en el Bronx. “Es una ciudad maravillosa”, dice. “Si te esfuerzas, puedes lograr cualquier cosa”. Antes de conocer al administrador de los edificios en los que trabaja, realizó tareas de plomería. Tiene una hija y en su tiempo libre le gusta jugar al dominó y volver de visita a Jamaica.

ROMAY GARCIA: EMPLEADO DE MANTENIMIENTO ESCOLAR DEL AÑO

Durante más de dos décadas, Romay Garcia prestó servicio a su país en el extranjero. Hoy, este veterano de la marina es conserje a cargo en la escuela Success Academy South Jamaica.

Hace 10 años que Romay, de 52 años, trabaja en esta escuela en 120-27 141st St. en South Ozone Park.

Romay creció en el Harlem en una época en la que el barrio se identificaba con drogas y delitos. Soñaba con llegar a ser médico, pero después de asistir al Hunter College, se dio cuenta que la mejor opción que tenía para salir del barrio era alistarse en el ejército.

Ingresó en el año 1988 y estuvo en Italia, España y el Medio Oriente. “Conocí a muchísimas buenas personas que aman verdaderamente a este país”, dijo.

Dejó la Marina en el 2008 y regresó al e a los Estados Unidos, justo en el medio de uno de los períodos más oscuros de su economía. Comenzó a buscar trabajo y un amigo le recomendó la escuela. Desde entonces, las cosas le fueron muy bien Si bien el trabajo de conserje en una escuela es muy distinto al mantenimiento de una embarcación, a Romay le encanta este trabajo.

Está más cerca de su hogar, hay menos estrés y, lo mejor de todo, es que los niños lo saludan con una sonrisa todos los días.

“Considero a este trabajo como un servicio a mi país”, dice Romay. “Ellos (los estudiantes) me dan fuerzas para continuar”.

Después de haber estado en la Marina, no me resulta difícil levantarme a las 4 de la mañana. Además de realizar tareas de limpieza en la escuela, Romay se encarga de verificar que funcione la calefacción en invierno y el aire acondicionado en verano.

“Este trabajo es como una extensión del servicio a la comunidad y a la ciudad de Nueva York porque los estudiantes son el futuro”, dice Romay. “La mejor parte de mi trabajo es ver a los estudiantes pasar de nivel”.

Romay vive en el Bronx con su esposa, Sandra, y sus dos hijos.

Si bien reconoce que es lindo recibir un reconocimiento por su trabajo, le gustaría que los veteranos reciban un mejor trato.

“Solo deseo que aquellas personas que sacrificaron sus vidas por este país y sus familias tengan mejores oportunidades”, dice Romay.

ZAKIYY MEDINA: EMPLEADO DEL AÑO DEL AEROPUERTO DE NEWARK

Zakiyy Medina trabaja desde hace tres años como maletero en el Aeropuerto de Newark y tiene el privilegio de conocer los secretos más codiciados de este lugar. Al preguntarle si podría contarnos algunos, bromeó, “ya dejarían de ser secretos si los contara, ¿verdad?”

Zakiyy dice que su trabajo, que consiste en bajar maletas de los aviones y asegurarse de que lleguen hasta las cintas transportadoras correspondientes o al destino final, es bastante tranquilo. También hay momentos de mucha agitación, especialmente “cuando tenemos un gran flujo de pasajeros”.

Con el ruido de los motores de los aviones y el bullicio de todos los empleados, todo “se hace un poco más duro” si no se cuenta con ese elemento que es fundamental, la colaboración.

Todo depende del día. “Uno se acostumbra a estar rodeado de muchas personas”, dice.

Si bien no tenía experiencia en este sector antes de comenzar a trabajar, Zakiyy dice que se acostumbró bastante rápido y ahora se las arregla muy bien. Los aeropuertos son “como comunidades individuales”, dice y está contento conocer cómo funcionan.

“Uno tiene una perspectiva más amplia, no solo por las personas que conoce, sino por la manera en la que funcionan las cosas”, dice.

Zakiyy nació y creció en New Jersey, donde aún vive con sus abuelos. En su tiempo libre, le agrada escuchar música y tiene una página en SoundCloud. Sueña con llegar a ser un productor musical y como tal escucha todo tipo de música, desde rock hasta jazz o hip hop. Ahora está trabajando en la creación de un sitio web para su trabajo.

Zakiyy participó en varias actividades políticas con la unión para conseguir un aumento del salario mínimo. Asisitió a reuniones con la Autoridad Portuaria, reuniones con líderes y se siente agradecido de haber podido conocer a funcionarios electos como el Alcalde de Newark, Ras Baraka y el Gobernador de New Jersey, Phil Murphy.

¿Su petición especial a los viajeros? Que controlen que las maletas no tengan sobrepeso.

CRISTIANA MENDEZ: EMPLEADA DEL AÑO DEL AEROPUERTO LGA

Cristiana Mendez se levanta todas las mañanas y se pone en movimiento para poder mantener a su familia. Consiguió este empleo para realizar tareas de limpieza en el Aeropuerto de LaGuardia en el año 2002 y le gusta este lugar,
especialmente sus compañeros de trabajo. Le agrada especialmente estar rodeada de tantas personas que hablan español.

Su día comienza cerca de las 6 de la mañana, cuando realiza la limpieza de los baños y luego continúa con el mantenimiento regular del sector asignado. Cristiana se ocupa de las salas VIP del aeropuerto y dice que muchas veces ve a famosos y personas importantes. A veces tiene que soportar tratos irrespetuosos, que según ella es a causa del estrés que producen los viajes. A Cristiana le gusta leer cosas sobre el funcionamiento del aeropuerto y su trabajo en general. Le agrada especialmente recibir el reconocimiento de sus jefes y supervisores por su dedicación.

Cristiana vive en Queens pero le gusta visitar Times Square. Ella se siente agradecida por la vida estable de la ciudad que le brindó tantas oportunidades. Pasa su tiempo libre con su familia y amistades y le gusta visitar Puerto Rico, lugar en el que nació y creció.

SEAN WILLIAMS: EL PREMIO IDRISSA CAMARA

Si bien Sean Williams quería ser policía cuando era joven y trabajó en lugares como Kmart, Bradlees y Lord & Taylor, se siente orgulloso de estar donde se encuentra hoy.

Sean Williams vive en Brooklyn y trabajó durante varios años en tiendas y restaurantes y en La Administración de Recursos Humanos de la Ciudad de Nueva York.

Williams, de 50 años, se incorporó al sector de seguridad en el edificio de Allied Universal Security Services en 320 Schermerhorn St. en Brooklyn. Comenzó como guardia de seguridad y, 14 años más tarde, es supervisor.

“Quería algo mejor” dice Williams. “Cuando era guardia siempre quise llegar a ser supervisor”

Su ética de trabajo y el deseo de llevar el sustento a su familia siempre mantuvieron su energía. Aún cuando tuvo que tratar con personas groseras, nunca les permitió que lo llevaran por delante .

“He pasado por momentos malos y momentos buenos” dice.

Recuerda como solían llamarlo policía payaso y policía de juguete. Esto pudo haber sido desalentador para muchos, pero William perseveró. Sabía que para poder mantener a su familia necesitaba un ascenso. «Valió la pena el esfuerzo», dice.

“Me gané el lugar que tengo ahora” dice Williams.

Además de trabajar cerca de su esposa, Tasha, y de sus ocho hijos, Williams explica que las personas del trabajo hacen que sea algo divertido. Se describe como una persona amable, siempre está conversando con los colegas y los residentes para conocerlos.

Williams disfruta estar con su familia y ver películas, ir a fiestas o salir a cenar. También es fanático de los New York Yankees.

Pero, lo más importante de su vida es ser buena persona y honorable.

“Soy una persona bondadosa”, dice. “Me gusta ayudar a las personas. Soy muy agradecido”.

ANGIE PERSON: EMPLEADA DEL AÑO DEL AEROPUERTO JFK

Angie Person comenzó a trabajar en el aeropuerto JFK en el año 2013. Realiza tareas de limpieza en la desbordante Terminal 8, que es dos veces más grande que el Madison Square Garden. Cada año, pasan por la Terminal 8 cerca de 13 millones de personas. “Me encargo de las salas de los pilotos, la torre y otras partes”, dice. “Le agradezco a Dios poder trabajar” Habló cuatro veces en el Congreso Estatal de Albany sobre salarios justos y otros temas.

Su vida personal también está dedicada al trabajo voluntario. Suele ir a la biblioteca que se encuentra frente a su departamento para leer libros o entretener a los niños del barrio. “Trabajo mucho con niños pequeños”, dice. También colabora en comedores cercanos. Antes de entrar a trabajar en JFK, realizó tareas en el Departamento de Parques durante 18 años.

Al ver los juguetes apilados cuidadosamente en la casa de Angie, se nota el amor que siente por su nieta de nueve años, a quien ella llama «la mini yo». A las dos les gusta ir a ver obras de teatro y viajar a Las Vegas a visitar a la mamá de Angie. También le gusta pasar tiempo con su hijo. Angie nació en North Carolina pero creció en Brooklyn, donde aún vive.