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When More Pay Doesn’t Help a Bit

Cuando ganar más no ayuda

Op-ed

By Valarie Long


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Published: July 31, 2008

Thursday’s national minimum wage bump to $6.55 an hour won’t affect Pennsylvania workers who are already earning the state's higher $7.15 an hour rate.  But the higher 60 cents an hour rate does little if anything for them or the 1.6 million Pennsylvanians who are struggling to cover the skyrocketing prices of milk, bread and gas with low wages. 

Today, one-third of all Americans are trying to make ends meet on low wages.  And the number of low wage jobs – primarily service jobs in hotels, food prep, home health care and office cleaning – is growing.  In the next decade, 5 million new jobs will pay poverty-level wages unless something is done.

Debra Fowlkes, a life-long Philadelphia resident, lives this struggle daily.  She’s doing her best to make ends meet, but earning just $9.00 an hour as a security officer at a state welfare agency doesn’t support her three children.  She can’t remember the last time her bills were paid-up, and despite her hard work, she’s lost hope of ever catching up.    

Debra’s not alone – one in four Philadelphians lives in poverty. Despite working hard to create better futures for their families, they are making little headway in an economy that's producing low-wage jobs like there's no tomorrow.

At the same time, this past year marked the fifth straight year in which the number of millionaires in our country grew – now at 10 million. The top 1% of households take home 21.8% of all income - more than double the 9% rate of thirty years ago.  This is the highest concentration of income in the hands of the wealthiest one percent since 1928, a year before the great stock market crash. 

At no time in our history has the disparity in income been so wide and in no other industrialized country does the disparity come close. CEO compensation is more than 400 times the take-home pay of an average American worker. For an industrialized country, there is no parallel to this growing income divide between the highest- and lowest-paid workers. Corporate executives in England make half as much as those in America while the lowest-paid workers there earn a higher wage than their American counterparts.

As we look towards the upcoming election, which will put the fate of our country in new hands, we must demand national policies to change the direction of our economy.

Pegging the minimum wage to a percentage of median income would raise it and then keep the lowest paid workers on pace with future increases of the rest of the workforce.  Expanding the Earned Income Tax Credit – a cost that would be offset by closing tax loopholes for the very wealthy – would also help those low-income families teetering on the brink of poverty.  

At the state level, establishing prevailing wages and benefits for workers at state-owned buildings and facilities, as well as publicly-funded projects, would be a critical step forward in making sure work paid enough to get by.  In fact, Pennsylvania is behind the curve in establishing these standards which already exist in many neighboring states. 

Aside from government action, companies, particularly those benefiting from tax breaks, must raise pay in low-wage industries if we are to make an immediate and wide scale impact on poverty.  Government programs alone will fall short of the mark, and unions have shown they can work with business responsibly to bring low-wage workers out of poverty.

In Pennsylvania, low wage union workers make nearly 13 percent more in wages than their non-union counterparts and are 25 percent more likely to get employer-paid health care and a pension.  But joining a union can be hard for many workers who fear employer retribution.  Passage of the Employee Free Choice Act, which creates a more neutral environment for workers to decide on union membership, would help low-wage workers join the union and get the raises they need. 

We've long held to the notion that having a job means you can make ends meet.  But unless steps are taken to address the growing imbalance in our economy, we could wake up one day in a city of just the very rich and the working poor. 

Valerie Long, Vice President SEIU Local 32BJ


El salario mínimo se alza y todavía no alcanza. La semana pasada el salario mínimo nacional ascendió a $6,55 la hora. Una medida que no afectará a los trabajadores que perciben el salario mínimo en Pensilvania, $7,15 por hora.

La semana pasada el salario mínimo nacional ascendió a $6,55 la hora. Una medida que no afectará a los trabajadores que perciben el salario mínimo en Pensilvania, $7,15 por hora. Aún así, sesenta centavos extra que hacen poco para ayudar a los 1,6 millones de residentes en Pensilvania que pasan dificultades para llegar a fin de mes con constantes precios al alza en la leche, el pan y combustible.

Hoy en día, un tercio de los estadounidenses trata de llegar a fin de mes con salarios bajos. Y el número de puestos de trabajo de baja remuneración, principalmente empleos en servicios en hoteles, preparación de alimentos, cuidado de la salud, limpiando casas y oficinas, es cada vez mayor. En el próximo decenio, 5 millones de nuevos empleos van a pagar salarios de pobreza a menos que se haga algo.

Debra Fowlkes, residente de Filadelfia, vive esta situación día a día. Intenta salir adelante con un trabajo de agente de seguridad en un edificio estatal, pero un empleo de $ 9.00 la hora no da para mantener a sus 3 hijos. No recuerda la última vez que pago sus facturas a tiempo y a pesar de que trabaja duro ha perdido ya la esperanza de ponerse al día con sus cuentas.

Debra no está sola, uno de cada cuatro residentes de Filadelfia vive en condiciones de pobreza. Trabajan duro para crear un mejor futuro para sus familias, pero no avanzan en una economía que produce empleos con bajos salarios como si no hubiera un mañana.
Al mismo tiempo, el año pasado fue el quinto año consecutivo en el que el número de millonarios en nuestro país creció, ahora son 10 millones. El uno por ciento de los hogares se lleva a casa el 21,8 por ciento de todos los ingresos - más del doble de la tasa del nueve por ciento de hace treinta años. Esta es la mayor concentración de riqueza en manos del uno por ciento más rico desde 1928, un año antes de la depresión del 29.

En ningún momento de nuestra historia la disparidad entre ricos y pobres ha sido tan amplia y en ningún otro país industrializado la desigualdad está tan acentuada. La compensación de los altos ejecutivos es 400 veces mayor que la paga del trabajador estadounidense promedio. Estos niveles de desigualdad no tienen equivalente en ningún otro país industrializado. Los ejecutivos de las empresas en Inglaterra ganan la mitad que en los Estados Unidos, mientras que los trabajadores peor pagados ganan salarios mayores que sus colegas estadounidenses.

Con unas elecciones a la presidencia que pondrán el destino de nuestro país en nuevas manos, debemos exigir políticas nacionales para cambiar el rumbo de nuestra economía. Fijar el salario mínimo en un porcentaje de la renta promedio, elevaría los salarios más bajos y los mantendría, pegándolo así a futuros aumentos del salario medio. La ampliación del Earned Income Tax Credit - un costo que se vería compensado con el cierre de vías de escape de impuestos para los muy ricos - también ayudaría a las familias de bajos ingresos que están borde de la pobreza.

En el ámbito estatal, una política que fijara estándares salariales y beneficios para los trabajadores de edificios y establecimientos del estado, así como de proyectos de financiación pública, sería un paso decisivo para asegurar un salario digno. Pensilvania está todavía lejos de otros estados vecinos en la promoción de este tipo de estándares laborales.

Pero si realmente queremos tener un impacto inmediato para reducir la pobreza a gran escala, además de la acción de los gobiernos y las empresas, en particular las que se benefician de desgravaciones fiscales, deben incrementar la remuneración de los empleos que hoy son mayormente de bajos salarios. Los programas gubernamentales por sí solos no alcanzan, y los sindicatos han demostrado que pueden trabajar con las empresas para, con responsabilidad, lograr que los trabajadores de bajos salarios puedan salir de la pobreza.

En Pensilvania, los trabajadores sindicalizados que perciben bajos salarios ganan un 13 por ciento más que los no están afiliados y tienen más probabilidades de obtener seguro médico pagado por el empleador y pensión (un 25 por ciento más). Pero unirse a un sindicato puede ser una tarea difícil para muchos trabajadores que temen represalias de los empleadores. La aprobación de la ley de libre elección de los empleados (Employee Free Choice Act), que crea un ambiente más neutral para que los trabajadores decidan sobre la afiliación sindical, ayudaría a los trabajadores de bajos salarios a afiliarse a un sindicato y obtener los aumentos que necesitan.

Durante mucho tiempo hemos sostenido la idea de que tener un empleo significa poder llegar a fin de mes. Sin embargo, a menos que se tomen medidas para abordar los crecientes desequilibrio de nuestra economía, podemos despertar un día en una ciudad en la que sólo habitan los acaudalados y los trabajadores pobres.

Valerie Long, Vice Presidente SEIU Local 32BJ. Con más de 100,000 afiliados, incluyendo a 5,000 en el área de Filadelfia, la local 32BJ SEIU es la mayor unión del sector privado de la costa este.

 

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