Published: August 1, 2008
On Thursday, the minimum wage rises to $6.55 an hour. That’s a seventy cent raise in Virginia and forty cents in Maryland for people living in deep poverty and being hit hardest by the skyrocketing price of milk, bread and gas. Minimum wage earners will take what they can get, but a few extra dollars a week doesn't help much.
It’s not just minimum wage earners that are having a harder time, but one-third of all Americans who are struggling to get by on low wages. And the number of low wage jobs – primarily service jobs in hotels, food prep, home health care and office cleaning – are growing. In the next ten years, at least 5.3 million new jobs in our country will pay low wages unless something is done.
In the Capital area, 3.1 million people are struggling to raise their families on low-wages. No longer is it just unemployment, but also the rising tide of low-paying jobs that accounts for the high urban poverty rates in the area. Too many people are juggling multiple jobs, working more hours than they can count, and still not making enough to pay their bills.
And as the number of working poor grows, so does the number of millionaires – now 10 million in the United States after the fifth consecutive annual increase. A smaller portion of this group, the top 1% of households take home 21.8% of all income - more than double the 8.9% rate of thirty years ago. This is the highest concentration of income in the hands of the wealthiest one percent since 1928, a year before the great stock market crash.
At no time in our history has the disparity in personal income been so wide and in no other industrialized country today does the disparity even come close. Record-high CEO compensation is more than 400 times the take-home pay of an average American worker. For an industrialized country like ours, there is no parallel to this growing income divide between the highest- and lowest-paid workers. Corporate executives in England, for instance, make half as much as American business leaders while the lowest-paid workers there earn a higher wage than their American counterparts.
As we look towards the upcoming election, which will put the fate of our country in new hands, we must demand national policies to change the disturbing direction of our economy before it derails entirely. Pegging the minimum wage to a percentage of median income would raise it and then keep the lowest paid workers on pace with future increases of the rest of the workforce. Expanding the Earned Income Tax Credit – a budget cost that would easily be offset by closing tax loopholes for the very wealthy – would also help low-income families teetering on the brink of poverty.
Aside from government action, companies, particularly those benefiting from tax breaks, must raise pay in low-wage industries if we are to make an immediate and wide scale impact on poverty. Government programs alone will fall short of the mark, and unions have shown they can work with business responsibly to bring low-wage workers out of poverty.
In Maryland and Virginia, low wage union workers make 15 percent more in wages than their non-union counterparts and are 25 percent more likely to get employer-paid health care and a pension. But joining a union can be hard for many workers who fear employer retribution. Passage of the Employee Free Choice Act, which creates a more neutral environment for workers to decide on union membership, would help low-wage workers join the union and get the raises they need.
We've long held to the notion that having a job means you can make ends meet. But unless steps are taken to address the growing imbalance in our economy, we could wake up one day in a city of just the very rich and the working poor.
Cuando el mínimo no llega
El pasado jueves el salario mínimo subió a $6.55 la hora. Un aumento de setenta céntimos en Virginia y cuarenta en Maryland para una población que vive en situación de pobreza y que está pasando serias dificultades para salir adelante ante los exorbitantes precios de la leche, el pan y el combustible. Los trabajadores que sobreviven con salarios mínimos aceptarán el aumento, pero unos cuantos dólares a la semana no representan una gran ayuda.
Hoy en día, un tercio de los estadounidenses trata de llegar a fin de mes con bajos salarios. Y el número de puestos de trabajo de baja remuneración, principalmente empleos en servicios en hoteles, preparación de alimentos, cuidado de salud en el hogar y limpieza de oficinas, es cada vez mayor. En el próximo decenio, 5 millones de nuevos empleos van a pagar salarios de pobreza a menos que se haga algo.
En el área capital más de tres millones de personas tienen dificultades serias para proveer para sus familias con bajos salarios. Ya no sólo el desempleo condena a la pobreza, sino el creciente aumento de empleos de baja remuneración. Demasiadas personas tratan de compatibilizar varios trabajos, laborando más horas de las que pueden contar, y aún así, no llegar a fin de mes.
Y mientras el número de trabajadores aumenta, lo hace también el de millonarios. El año pasado marcó el quinto año consecutivo en el que el número de millonarios en nuestro país creció - ahora en 10 millones. El 1% de los hogares se lleva a casa el 21,8% de todos los ingresos - más del doble de la tasa del 9% de hace treinta años. Esta es la mayor concentración de riqueza en manos del 1% más rico desde 1928, un año antes del crack del 29.
En ningún momento de nuestra historia la disparidad entre ricos y pobres ha sido tan amplia y en ningún otro país industrializado la desigualdad está tan acentuada. La compensación de los altos ejecutivos es 400 veces mayor que la paga del trabajador americano medio. Estos niveles de desigualdad no tienen equivalente en ningún otro país industrializado. Los ejecutivos de las empresas en Inglaterra ganan la mitad que en los Estados Unidos, mientras los trabajadores peor pagados ganan salarios mayores que sus colegas americanos.
Con unas elecciones a la presidencia que pondrán el destino de nuestro país en nuevas manos, debemos exigir políticas nacionales para cambiar el rumbo de nuestra economía. Fijar el salario mínimo en un porcentaje de la renta media elevaría y luego mantendría los salarios más bajos, pegándolo así a futuros aumentos de los salarios. La ampliación del Earned Income Tax Credit - un coste que se vería compensado con el cierre de vías de escape de impuestos para los muy ricos - también ayudaría a las familias de bajos ingresos al borde de la pobreza.
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Pero si realmente queremos tener un impacto inmediato para reducir la pobreza a gran escala, además de la acción de los gobiernos, las empresas, en particular las que se benefician de desgravaciones fiscales, deben incrementar la remuneración de los empleos que hoy son mayormente de bajos salarios. Los programas gubernamentales por sí solos no alcanzan, y los sindicatos han demostrado que pueden trabajar con las empresas para, con responsabilidad, lograr que los trabajadores de bajos salarios puedan salir de la pobreza.
En Maryland y Virginia, los trabajadores sindicalizados que perciben bajos salarios ganan un 15 por ciento más que los no están afiliados y tienen más probabilidades de obtener seguro médico pagado por el empleador y pensión (un 25 por ciento más). Pero unirse a un sindicato puede ser una tarea difícil para muchos trabajadores que temen represalias de los empleadores. La aprobación de la ley de libre elección de los empleados (Employee Free Choice Act), que crea un ambiente más neutral para que los trabajadores decidan sobre la afiliación sindical, ayudaría a los trabajadores de bajos salarios a afiliarse a un sindicato y obtener los aumentos que necesitan.
Durante mucho tiempo hemos sostenido la idea de que tener un empleo significa poder llegar a fin de mes. Sin embargo, a menos que se tomen medidas para abordar los crecientes desequilibrio de nuestra economía, podemos despertar un día en una ciudad en la que sólo habitan los acaudalados y los trabajadores pobres.
Mike Fishman
Presidente de la local 32BJ SEIU
Con más de 100,000 afiliados la local 32 BJ SEIU es la mayor unión del sector privado de la costa este.