Last week’s national minimum wage bump to $6.55 an hour didn’t help Connecticut’s lowest paid workers who were already earning the state rate of $7.65 an hour. But for the more than 700,000 Connecticut residents living in low-income households, the extra $1.10 an hour does very little, if anything at all, to cover the skyrocketing prices of milk, bread and gas.
Today, nearly one-third of all Americans are trying to make ends meet on low wages. And the number of low wage jobs – primarily service jobs in hotels, food prep, home health care and office cleaning – is growing. In the next decade, 5 million new jobs will pay poverty-level wages unless something is done.
No longer is it just unemployment, but this rising tide of low-paying jobs, that accounts for poverty rates reaching up to 30 percent in Connecticut’s largest cities. Too many people are juggling multiple jobs, working more hours than they can count, and still not making enough to pay their bills.
At the same time, this past year marked the fifth straight year in which the number of millionaires in our country grew – now at 10 million. The top 1% of households take home 21.8% of all income - more than double the 9% rate of thirty years ago. This is the highest concentration of income in the hands of the wealthiest one percent since 1928, a year before the great stock market crash.
At no time in our history has the disparity in income been so wide and in no other industrialized country does the disparity come close. CEO compensation is more than 400 times the take-home pay of an average American worker. For an industrialized country, there is no parallel to this growing income divide between the highest- and lowest-paid workers. Corporate executives in England make half as much as those in America while the lowest-paid workers there earn a higher wage than their American counterparts.
As we look towards the upcoming election, which will put the fate of our country in new hands, we must demand national policies to change the direction of our economy. Pegging the minimum wage to a percentage of median income would raise it and then keep the lowest paid workers on pace with future increases of the rest of the workforce. Expanding the Earned Income Tax Credit – a cost that would be offset by closing tax loopholes for the very wealthy – would also help those low-income families teetering on the brink of poverty.
Aside from government action, companies, particularly those benefiting from tax breaks, must raise pay in low-wage industries if we are to make an immediate and wide scale impact on poverty. Government programs alone will fall short of the mark, and unions have shown they can work with business responsibly to bring low-wage workers out of poverty.
In Connecticut, low wage union workers make 21 percent more in wages than their non-union counterparts and are 25 percent more likely to get employer-paid health care and a pension. But joining a union can be hard for many workers who fear employer retribution. Passage of the Employee Free Choice Act, a bi-partisan bill which would create a more neutral environment for workers to decide on union membership, would help low-wage workers join the union and get the raises they need.
We've long held to the notion that having a job means you can make ends meet. But unless steps are taken to address the growing imbalance in our economy, we could wake up one day in a city of just the very rich and the working poor.
Mike Fishman
President Local 32BJ SEIU
With more than 100,000 members, including 4,400 in Connecticut, Local 32BJ SEIU is the largest private sector union on the East Coast.
La subida del salario mínimo a $6,55 la hora no tiene ningún efecto para los habitantes de Connecticut, que ya ganan un salario mínimo de $ 7,65 por hora, pero si deja a los más de 700, 000 residentes del Estado que viven en hogar con bajos ingresos en dificultades ante los exorbitantes precios los alimentos y el combustible.
Un tercio de los trabajadores estadounidenses apenas llega a fin de mes. Y el número de trabajos de baja remuneración; en servicios a hoteles, preparación de alimentos, cuidado en el hogar y limpieza es cada vez mayor: 5 millones en camino.
El desempleo ya no es el único factor de exclusión social. La marea de empleos de bajos salario desborda las grandes ciudades de Connecticut que alcanzan tasas de pobreza de hasta el 30%. Demasiadas personan están tratando de compatibilizar varios trabajos, trabajando más horas de las que pueden contar y no llegar a fin de mes.
Al mismo tiempo, el año pasado marcó el quinto año consecutivo en el que el número de millonarios en nuestro país creció - ahora en 10 millones. El 1% de los hogares se lleva a casa el 21,8% de todos los ingresos - más del doble de la tasa del 9% de hace treinta años. Esta es la mayor concentración de riqueza en manos del 1% más rico desde 1928, un año antes del crack del 29.
En ningún momento de nuestra historia la disparidad entre ricos y pobres ha sido tan amplia y en ningún otro país industrializado la desigualdad está tan acentuada. La compensación de los altos ejecutivos es 400 veces mayor que la paga del trabajador americano medio. Estos niveles de desigualdad no tienen equivalente en ningún otro país industrializado. Los ejecutivos de las empresas en Inglaterra ganan la mitad que en los Estados Unidos, mientras los trabajadores peor pagados ganan salarios mayores que sus colegas americanos.
Con unas elecciones a la presidencia que pondrán el destino de nuestro país en nuevas manos, debemos exigir políticas nacionales para cambiar el rumbo de nuestra economía. Fijar el salario mínimo en un porcentaje de la renta media elevaría y luego mantendría los salarios más bajos, pegándolo así a futuros aumentos de los salarios. La ampliación del Earned Income Tax Credit - un coste que se vería compensado con el cierre de vías de escape de impuestos para los muy ricos - también ayudaría a las familias de bajos ingresos al borde de la pobreza.
Pero si realmente queremos tener un impacto inmediato para reducir la pobreza a gran escala, además de la acción de los gobiernos, las empresas, en particular las que se benefician de desgravaciones fiscales, deben incrementar la remuneración de los empleos que hoy son mayormente de bajos salarios. Los programas gubernamentales por sí solos no alcanzan, y los sindicatos han demostrado que pueden trabajar con las empresas para, con responsabilidad, lograr que los trabajadores de bajos salarios puedan salir de la pobreza.
En Connecticut los trabajadores sindicalizados que perciben bajos salarios ganan un 21 por ciento más que los no están afiliados y más probabilidades de obtener seguro médico pagado por el empleador y pensión (un 25 por ciento más). Pero unirse a un sindicato puede ser una tarea difícil para muchos trabajadores que temen represalias de los empleadores. La aprobación de la ley de libre elección de los empleados (Employee Free Choice Act), que crea un ambiente más neutral para que los trabajadores decidan sobre la afiliación sindical, ayudaría a los trabajadores de bajos salarios a afiliarse a un sindicato y obtener los aumentos que necesitan.
Durante mucho tiempo hemos sostenido la idea de que tener un empleo significa poder llegar a fin de mes. Sin embargo, a menos que se tomen medidas para abordar los crecientes desequilibrio de nuestra economía, podemos despertar un día en una ciudad en la que sólo habitan los acaudalados y los trabajadores pobres.
Mike Fishman
Presidente SEIU Local 32BJ
Con más de 100,000 afiliados, entre ellos 4,400 en Connecticut,, SEIU Local 32BJ es el mayor sindicato del sector privado en la Costa Este.