
Published: August 2, 2007
La semana pasada los trabajadores menos pagados recibieron su primer aumento en más de una década. Pero en el clima económico de hoy en día, este mísero aumento no es suficiente para mantener a una persona, y menos a una familia.
Al distraer nuestra atención de los salarios estancados que se pagan a los trabajadores de servicios y otros, es una vergüenza que hayamos creado en nuestra sociedad un segmento nuevo y en constante de personas, llamado los pobres que trabajan. Casi ocho millones de pobres que trabajan, incluyendo el 16 % de las familias trabajadoras en Connecticut, luchan por pagar su alquiler, servicios públicos, víveres y el cuidado de los niños. Los gastos inesperados tales como las cuentas médicas, cuentas del gas, reparaciones del auto o del hogar pueden retrasarlos en meses o años. Lo que más preocupa es la posibilidad de una enfermedad o accidente grave repentino que puede dejar a la familia de un trabajador pobre sin ningún recurso ni esperanza. Sin un salario que les permita vivir, los trabajadores que reciben un salario bajo no tienen escapatoria de este ciclo vicioso ni tienen la posibilidad de ahorrar para la educación de sus hijos o para su propia jubilación. Esta alarmante tendencia está en aumento, y empuja la tasa de pobreza a un nivel más elevado a la vez que socava nuestros valores norteamericanos sobre el trabajo duro y la justicia.Con la productividad más elevada y la economía en crecimiento, ¿por qué los Estados Unidos de América no tiene un salario mínimo que permita a los trabajadores mantener a sus familias? Algunos economistas conservadores afirman que las “demandas del mercado” no permiten que el salario mínimo sea en realidad un salario sostenible, y que permita vivir. Alegan que la economía no puede absorber los aumentos, y que se perderán trabajos.
La verdad del asunto es que cerca de 11 millones de nuevos trabajos fueron creados después del último aumento federal del salario mínimo. Además, de acuerdo al Centro para el Progreso en los Estados Unidos, los estados que aumentaron sus propias tasas de salario mínimo han notado desde entonces un fuerte crecimiento en el empleo por parte de pequeños negocios.
En todo caso, el debate sobre la creación de trabajos parece olvidar el aspecto más importante cuando se considera el aumento astronómico en la compensación otorgada a los CEO. Nuestra economía saludable parece ser perfectamente capaz de absorber los salarios récord de los CEO así como sus bonificaciones que eclipsan los salarios de los trabajadores promedio y que ascienden a más de 400 veces la paga que llevan a sus hogares.
En un país industrializado como el nuestro, no existe ningún paralelo para la creciente división de ingresos que existe entre los trabajadores menos pagados y los más pagados. Por ejemplo, los ejecutivos de corporaciones en el Reino Unido, ganan la mitad de lo que ganan los ejecutivos norteamericanos mientras que los trabajadores menos pagados en ese país ganan ahora un salario más elevado que lo que sus contrapartes norteamericanos ganarán en el 2009.
La misma existencia de los pobres que trabajan es contraria a la creencia de nuestro país de que cualquiera que trabaje debe estar ganando lo suficiente para sobrevivir. Pequeños pasos como el aumento del salario mínimo simplemente son una curita para el problema, y de por sí no constituyen la respuesta apropiada. Si vamos a ganar lo que debería ser una guerra nacional contra la pobreza, necesitamos una legislación que garantice que todos los trabajos paguen lo que se necesita para realmente sobrevivir.
Con más de 85,000 afiliados en seis estados y en Washington, DC, Local 32BJ SEIU es la unión más grande de trabajadores de servicios a propiedades en el país.